
Le llaman el nuevo Señor de los Anillos y es que la escena es literalmente calcada al momento en el que Smeagol se encuentra pescando a bordo de una barca y termina encontrando el anillo de poder por pura casualidad. La casualidad no influyó para nada en el hallazgo del neozelandés Aleki Taumoepeau, que tras 16 meses de búsqueda terminó encontrando su alianza de matrimonio. La había perdido meses atrás cuando, en un paseo en barca por el muelle de Wellington estudiando el estado de la vegetación del lugar, se le resbaló y cayó al mar, hundiéndose a más de tres metros de profundidad.
La mujer de Aleki le dijo que no pasaba nada, que comprarían otra, pero Aleki no se dio por vencido y a pesar de las malas condiciones climatológicas o del cambio de temperatura de las aguas se estuvo zambullendo durante meses en busca de su "tesoro". Y lo encontró.
Mucha más suerte tuvo la inglesa Mary Hannaby ya que encontró algo totalmente inesperado pero no por casualidad. Su hobby durante los últimos siete años ha sido pasear durante seis horas todos los domingos por montes y playas con su detector de metales.
Hasta el momento había tenido poca suerte, por no decir ninguna, ya que lo único de "valor" que había encontrado era una dentadura postiza de metal bastante vieja. Pero un día fue recompensada por su esfuerzo y tesón porque, estando acompañada de su hijo de 33 años en uno de sus paseos dominicales, el aparato empezó a pitar. Tras desenterrar en el lugar preciso, Mary se topó con un tesoro del siglo XV con multitud de objetos de oro que ha sido valorado en más de 250. 000 dólares.
Lógicamente el tesoro no sería íntegramente de ella sino también del dueño de la propiedad, pero cuál sería su sorpresa cuando este señor afirmó que sólo quería el 30% del hallazgo, reconociendo que nunca habría encontrado el tesoro si no llega a ser por Mary, que se ha podido quedar con el 70%.