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La misteriosa mujer

Aquella noche fría y oscura del 9 de octubre, cambió el escepticismo de Victoria, quien no creía que más allá de este mundo, donde los vivos reinan, existían otras cosas.
En la calle no había ni un alma, la gente ya se había ido a dormir, pero Victoria y su abuelo seguían despiertos, terminando aquel proyecto para la decoración del jardín, mientras la abuela dormía. La puerta del viejo garaje se encontraba abierta, se podía apreciar la acera que daba la bienvenida a la casa; los escasos faroles que alumbraban el camino no estaban en buenas condiciones y titilaban sin cesar. Se sentía algo extraño en el ambiente que los rodeaba. Las hojas de aquellos árboles que adornaban la calle y la entrada a la casa, se agitaban, como queriendo escapar, dejando un incómodo silbido a su paso que daba miedo. Los faroles comenzaron a rendirse, dejando como luz natural no más que algo de la luna llena de esa noche, que se sumergía de a poco detrás de las oscuras nubes. Las manos de Victoria y el abuelo llenas de barro, se azoraban por concluir aquella manualidad.  El abuelo se volteó para buscar un pegamento en el mesón de atrás, cuando repentinamente los perros del vecindario aullaban sin parar, seguidamente las gallinas del criadero cacareaban nerviosamente, formando un coro alborotado que los hizo brincar del susto. El aire se puso más frío y recorrió el cuerpo de la chica, subiendo por sus piernas, hasta su cabeza, erizándole la piel.
Se está haciendo muy tarde Vicky- dijo el abuelo. Recojamos las cosas y terminamos mañana, esto se está poniendo muy extraño.
- Abuelo, no es nada, sólo lloverá, nos falta poco, terminemos. Reprochó Victoria. El abuelo le hizo caso. Ella no le dio importancia a las cosas que pasaban, aún no tenía miedo, pero el abuelo actuaba como si presintiera algo, algo fuera de lo normal.
Estaban por concluir, pero una inesperada visita se acercó al portón. Aquella mujer, de piel pálida y perfecta, con vestido largo y blanco, (que no dejaba ver sus pies), cabello oscuro y liso cual oscura cascada, alta y de sonrisa cálida y seductora, los impactó. Sus ojos profundos y misteriosos se posaban sobre el abuelo de Victoria y tras una sonrisa exclamó:
-Disculpe, me he perdido y no sé dónde queda ésta dirección. Sus huesudas manos señalaban un papel y tras cada aliento que exhalaba los animales se alborotaban más.
Su voz, delicada y misteriosa asustó a Victoria. Pareció percatarse de ello y su mirada se dirigió hacia la chica, pero su mirada no era dulce, era sombría. El aire aún más frío parecía atar a la chica, y el llanto de las hojas de los árboles azotaban sus oídos, sí un llanto, no un silbido. El abuelo se volvió hacia Victoria, estaba extrañado y asustado como ella, una hermosa mujer sola en una calle pasadas las 12pm no era normal.
- Estoy apurada. Dijo la extraña mujer con un tono molesto. Ya no era agradable, su sonrisa se borró y no era dulce, era imponente. A Victoria la invadió una ola de escalofriantes pensamientos e ideas acerca de la mujer.
El abuelo, temerario, cogió el papel. Lo revisó, pero no conocía la dirección, así que se la pasó a Victoria, quién se encontraba petrificada de escalofrío.  Un supuesto cementerio que quedaba en la calle “sur” de aquel pueblo hacía referencia en el papel. El abuelo miraba a Victoria, y ésta al piso, pensativa y con miedo, les temblaban las piernas. Cuando voltearon a donde la misteriosa mujer para decirle que no sabían la dirección, ya no estaba. En su lugar, yacía un pañuelo, húmedo y manchado de sangre. Un escalofriante y horrible silbido, junto con pasos y voces inundó el lugar. El abuelo y Victoria subieron corriendo a la casa, llenos de barro y miedo, mucho miedo y abrazados comenzaron a rezar. A la mañana siguiente encontraron la estatua, que habían dejado secar, rota. Todo se había calmado, nadie más escuchó ni vio nada y tras días de pensar en qué pudo haber pasado, un vecino les dijo que en ese lugar, un siglo antes, murió una bella joven torturada por su novio, y a veces se le puede ver “buscando un cementerio”. Victoria ahora sí creía en los espíritus, y ni ella, ni el abuelo o la abuela  volvieron a ver u oír acerca de la mujer,  tras una misa ceremonial  que hicieron en el lugar.

Habba cometiendo habbolocuras desde el 2009.
Venezolana de (y antichavista) C;