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Os plasmo una historia, de muchas que escribí a solas, hasta las tantas de la madrugada, con la página del Word abierto, y el ruido desenfrenado del pc. Disfrutarla, como lo hizo ella.
PD: No me gusta Justin Bieber -.- xD
Él entretenido por verla sufrir de incertidumbre. Ella muriéndose de nervios por saber qué esconde. Ese mismo día, habían quedado para darse sus regalos de aniversario. Hacían cinco años juntos. ¿Cinco, ya? Se había preguntado en más de una ocasión Él. Le parecían más cinco días. Todo había sido muy rápido pero, como le gusta decir a Él, todo intenso, vigoroso y precioso. La madurez les había llegado, y juntos. Ella ya era toda una mujer, estudiaba el último curso de la carrera de Diseño, estaba en las prácticas, con las cuales, estaba ilusionadísima.
Él compaginaba el año de prácticas de la carrera de Economía con el primer año de Administración y Dirección de Empresas. Amaban lo que hacían, era a lo que querían dedicar el resto de su vida. Ella se imaginaba con un despacho amplio y con mucha luz, donde pudiese dibujar excentricidades y obras de arte del diseño. La gente se dispondría al otro lado de la mesa y les hablaría sobre lo que querían, después Ella convertía las palabras en realidad, en muebles y en casas. Él se imaginaba dirigiendo una empresa como si tal, fuera un equipo de fútbol. Animándolos, hablando con ellos y preocupándose por sus trabajadores. Siempre decía que él solo era el que movía el dinero y poco más, la verdadera esencia de la empresa eran ellos, los trabajadores. Tal vez pensase esto porque por sus venas corría la sangre de una sindicalista, o tal vez porque era muy dado a defender lo justo.
Ella no se podría ni imaginar cuál sería su regalo. Cuando cursaban cuarto de la eso, con quince y dieciséis años, Él le había regalo el disco de Justin Bieber. Un cantautor precoz y con voz de niño aún, pero constante en su progresión. Ella y su amiga Carmen eran muy, pero que muy fan de él. Aunque Él se negase de vez en cuando, la compraba algunos detalles del dichoso cantautor. No era nada romántico regalarla algo de él, pero lo hacía. ¿Y todo por qué? Por lo mismo que la compraba un colgante, unos pendientes o una simple camiseta; por verla sonreír y feliz. En la opinión de El, un regalo siempre se hacía por el mismo motivo, por deseo de hacer feliz a su destinatario. A esta definición no estaba sujeto el tipo de regalo, ni el color, la forma y demás.
-Venga, dámelo ya. Quiero saber qué me has comprado esta vez. ñrogó Ella con las manos entrelazadas, como si se dispusiese a rezar.
-Vale, vale. Aquí tienes.
Él la entregó un paquete envuelto en un bonito envoltorio negro con pajaritos rosas. Toda una cursilada de las suyas. No tardó en disolverse en el espacio el papel. Ella vio el libro. Rezaba: “Cuentos para soñar” y estaba escrito por Él.
-Es lo último que ha sacado ese autor, dicen que es bastante bueno.
-Eres un estúpido. ñsonrió Ella por el comentario reciente de Él.
-Lo sé. Ábrelo.
Él conocía perfectamente qué había en el interior de ese libro. Y ocurrió tal y como lo había planeado. Ella abrió la primera página, y en ella lo vio. Era una entrada para ir a ver a su artista favorito a uno de sus conciertos en España. En Barcelona. Ella gritó, suspiró sorprendida y lloró. No supo bien por qué, pero lloró. Sería de la alegría, de la emoción, de la inesperada maravilla. Había deseado ir a ese concierto desde que salieron las entradas a la venta, solo que eran un tanto caras, y no podía permitírselo, tenía otros gastos. En cambio, allí estaba. Cuando se fijó bien, en la entrada había escrito algo. “Te lo mereces”, decía. Hasta el momento, Él se había quedado pasivo, quieto, viendo la escena y guardándola dentro de sí, donde nunca se la pudiesen arrebatar; en el corazón. Repentinamente, Ella le abrazó, le estrechó entre sí repitiéndole que le quería y agradeciendo el gesto con todo lo que podía.
-Creo que sobra preguntar si te ha gustado ¿no? ñdijo.
-Por supuesto que me gusta. Te quiero muchísimo, mi amor.
Estaba radiante ante aquella sorpresa y, por supuesto, la había encantado que pensase en Ella y la regalase lo que más deseaba, a pesar de no ser romántico. Pero lo que sí era romántico era verla sonreír, era verla con ese brillo en los ojos que la hacía ser la chica más guapa de todas. Y, según se declaró en más de una ocasión, la más enamorada.
PD: No me gusta Justin Bieber -.- xD
Él entretenido por verla sufrir de incertidumbre. Ella muriéndose de nervios por saber qué esconde. Ese mismo día, habían quedado para darse sus regalos de aniversario. Hacían cinco años juntos. ¿Cinco, ya? Se había preguntado en más de una ocasión Él. Le parecían más cinco días. Todo había sido muy rápido pero, como le gusta decir a Él, todo intenso, vigoroso y precioso. La madurez les había llegado, y juntos. Ella ya era toda una mujer, estudiaba el último curso de la carrera de Diseño, estaba en las prácticas, con las cuales, estaba ilusionadísima.
Él compaginaba el año de prácticas de la carrera de Economía con el primer año de Administración y Dirección de Empresas. Amaban lo que hacían, era a lo que querían dedicar el resto de su vida. Ella se imaginaba con un despacho amplio y con mucha luz, donde pudiese dibujar excentricidades y obras de arte del diseño. La gente se dispondría al otro lado de la mesa y les hablaría sobre lo que querían, después Ella convertía las palabras en realidad, en muebles y en casas. Él se imaginaba dirigiendo una empresa como si tal, fuera un equipo de fútbol. Animándolos, hablando con ellos y preocupándose por sus trabajadores. Siempre decía que él solo era el que movía el dinero y poco más, la verdadera esencia de la empresa eran ellos, los trabajadores. Tal vez pensase esto porque por sus venas corría la sangre de una sindicalista, o tal vez porque era muy dado a defender lo justo.
Ella no se podría ni imaginar cuál sería su regalo. Cuando cursaban cuarto de la eso, con quince y dieciséis años, Él le había regalo el disco de Justin Bieber. Un cantautor precoz y con voz de niño aún, pero constante en su progresión. Ella y su amiga Carmen eran muy, pero que muy fan de él. Aunque Él se negase de vez en cuando, la compraba algunos detalles del dichoso cantautor. No era nada romántico regalarla algo de él, pero lo hacía. ¿Y todo por qué? Por lo mismo que la compraba un colgante, unos pendientes o una simple camiseta; por verla sonreír y feliz. En la opinión de El, un regalo siempre se hacía por el mismo motivo, por deseo de hacer feliz a su destinatario. A esta definición no estaba sujeto el tipo de regalo, ni el color, la forma y demás.
-Venga, dámelo ya. Quiero saber qué me has comprado esta vez. ñrogó Ella con las manos entrelazadas, como si se dispusiese a rezar.
-Vale, vale. Aquí tienes.
Él la entregó un paquete envuelto en un bonito envoltorio negro con pajaritos rosas. Toda una cursilada de las suyas. No tardó en disolverse en el espacio el papel. Ella vio el libro. Rezaba: “Cuentos para soñar” y estaba escrito por Él.
-Es lo último que ha sacado ese autor, dicen que es bastante bueno.
-Eres un estúpido. ñsonrió Ella por el comentario reciente de Él.
-Lo sé. Ábrelo.
Él conocía perfectamente qué había en el interior de ese libro. Y ocurrió tal y como lo había planeado. Ella abrió la primera página, y en ella lo vio. Era una entrada para ir a ver a su artista favorito a uno de sus conciertos en España. En Barcelona. Ella gritó, suspiró sorprendida y lloró. No supo bien por qué, pero lloró. Sería de la alegría, de la emoción, de la inesperada maravilla. Había deseado ir a ese concierto desde que salieron las entradas a la venta, solo que eran un tanto caras, y no podía permitírselo, tenía otros gastos. En cambio, allí estaba. Cuando se fijó bien, en la entrada había escrito algo. “Te lo mereces”, decía. Hasta el momento, Él se había quedado pasivo, quieto, viendo la escena y guardándola dentro de sí, donde nunca se la pudiesen arrebatar; en el corazón. Repentinamente, Ella le abrazó, le estrechó entre sí repitiéndole que le quería y agradeciendo el gesto con todo lo que podía.
-Creo que sobra preguntar si te ha gustado ¿no? ñdijo.
-Por supuesto que me gusta. Te quiero muchísimo, mi amor.
Estaba radiante ante aquella sorpresa y, por supuesto, la había encantado que pensase en Ella y la regalase lo que más deseaba, a pesar de no ser romántico. Pero lo que sí era romántico era verla sonreír, era verla con ese brillo en los ojos que la hacía ser la chica más guapa de todas. Y, según se declaró en más de una ocasión, la más enamorada.