Estaba yo en mi habitación cuando de repente sonó el telefono móvil. Era un antiguo amigo y me dijo que vayase a su casa. Cuando llegué me encuentre su cuerpo tirado en el suelo ensangrentado, con la pistola en la mano sin cargar y en la parte de arriba de su mansión había charcos de sangre. Encontre huellas del zapato del asesino y decidí perseguirlas. Al llegar donde se acababan las huellas, me econtre el cuerpo del asesino con la pistola que mato a mi amigo. Sonó la sirena de la policia y decidí quedarme donde estaba para contar los hechos. Cuando llegaron, creyeron que yo había matado al asesino. Y aquí sigo, encerrado entre las rejas, con cuatro paredes y con una cama sin sabanas.