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La idea es que cada uno suba un cuento folclórico o popular de su país, yo les dejo uno del mío:

LA FLOR DEL LIROLAY
(Noroeste argentino)

Hace mucho tiempo, muy lejos de aquí, había un rey muy anciano, noble y amado por sus  súbditos. Desde hacía ya meses, el rey estaba enfermo, y nadie podía encontrarle la cura.  Habían ido médicos de todas partes, pero ninguno acertaba con el tratamiento apropiado.
Finalmente, un viejo muy sabio, que vivía apartado en una cabaña en los más inaccesible de un monte, se presentó ante el rey. Todos tuvieron esperanzas: se sabía que el viejo sabía de medicinas más que ninguno.
-Hay  una  flor  que  es  la  medicina  que  necesita  -dijo  el  viejo.  Hablaba  como dudando,  como si no se animara a decir lo que estaba diciendo. -Es la flor del lirolay. Aspirando un polvo hecho con la planta seca, te curarás. Pero les costará encontrarla: sólo crece muy al norte, y he escuchado de pocos que la hayan visto.
El viejo describió la flor y se iba hacia su cabaña, cuando el rey le preguntó  por qué  hablaba  con inseguridad, y por qué no había dicho antes el remedio si lo conocía.
-Porque sospecho que la búsqueda de la flor puede traer alguna desgracia. El viento me envió mensajes que no termino de entender. Pero, ante la duda, decidí, pese a todo, venir.
Todo el reino se preparó para la búsqueda. Incluso los tres hijos del rey decidieron partir hacia el norte.
El rey, que desde hacía meses temía morir, había decidido no privilegiar a ninguno de sus hijos  para la sucesión, y había anunciado que cada uno de ellos debía quedarse  con  un  tercio  del  reino.  Los  hijos  mayores  aceptaron  el  arreglo  a regañadientes: despreciaban  al  hermano menor, porque  era físicamente débil, solitario, tímido. Sólo parecía interesarle la música: los espíritus del aire eran sus amigos, y el sonido del viento, cerca de él, se hacía casi musical. Estaba todo el tiempo con una muchachita del pueblo, una joven sin parientes importantes, pero que era la más hermosa de todas.
A los hermanos mayores no les gustó nada la orden del padre:
-Quiero  que  la  búsqueda  la  hagan  los  tres  juntos.  No  quiero  que  haya competencias entre ustedes.
Los hijos fueron hacia el norte, y llegaron a lugares que nadie de ese reino llegó a pisar. Después de mucho tiempo de búsqueda, los hermanos mayores cansados del viaje, dijeron que debían volver; que era obvio que la búsqueda era inútil. El menor, en cambio, insistía,  a  pesar de que su débil cuerpo parecía no poder resistir más.
Cuando ya los mayores habían decidido volver, el hermano menor apareció con la deseada flor. La encontró al borde de un abismo al que pocos se habrían atrevido a asomarse.
El  regreso  demoró  bastante,  se  habían  alejado  muchísimo.  Los  hermanos mayores estaban resentidos con el menor; éste se quedaría con la gloria de haber encontrado  la  flor  que  salvaría  a  su  padre.  Además,  temían  que  el  rey,  en agradecimiento cambiara de decisión y designara sucesor único al menor. Finalmente, la envidia, los celos, la ambición hicieron que, a las puertas del reino, los mayores mataran a su hermano, con un golpe en la  cabeza. Enterraron su pequeño cuerpo a la vera de una estrecha senda. El viento, amigo del muchacho asesinado, parecía aullar: Los hermanos llegaron con la planta ante su padre, éste aspiró  el  polvo  de  las  flores  secas  y  revivió.  No  obstante  lloró  muchísimo  el enterarse de  que su querido hijo menor había muerto en un accidente, como le dijeron, con falso pesar los hermanos mayores.
-Esa era la desgracia que temía el anciano médico- sollozaba.
Las noviecita casi no fue vista más en el pueblo. No salía de su casa.
Con los días, la melancolía puso peor al rey que su antigua enfermedad. Estaba en su cama  y daba consejos a sus dos hijos, para que, cuando lo sucedieran, fueran aún más sabios, más prudentes, mejores que él. Estos hacían como que aprendían.
A todo esto, en la vera del camino donde estaba enterrado el menor, había crecido un tupido cañaveral. Un pastor que pasó por allí dijo:

-Son las mejores cañas que he visto en mi vida. Tan delgadas, verdes. El viento pasa entre ellas y el susurro es como música, una música triste y hermosa.
Arrancó una de las cañas para hacerse una flauta. Cuando terminó de prepararla y sopló, sonó una voz que cantaba:

No me toques pastorcito
Ni me dejes de tocar:
Mis hermanos me mataron
Por la flor del lirolay

Al escuchar la dulce y triste voz, el pastor casi se desmaya de la sorpresa. Fue inmediatamente ante el rey con la flauta. El anciano, aunque casi ni podía, sopló:

No me toques padrecito
Ni me dejes de tocar:
Mis hermanos me mataron
Por la flor del lirolay

Sin una palabra, el rey extendió la flauta a su hijo mayor. Éste la tomó tembloroso, y sopló muy débilmente; sin embargo, la voz se escuchó igual:

No me toques, hermanito
Ni me dejes de tocar:
Porque ustedes me mataron
Por la flor del lirolay

El pastor condujo a todos hasta el cañaveral. Dieron aviso a la jovencita, quien por primera vez  en mucho tiempo salió de su casa. Cavaron, y apareció el cuerpo, intacto, como dormido.  Los espíritus del aire habían entrado por las cañas y lo habían conservado así. Parecía dormido y, justamente, estaba sólo dormido. Su noviecita lo besó: el muchacho despertó, y  abrazó primero a ella, luego a su padre.
Poco tiempo después, el joven se casó con la muchacha. A pedido de él, sus hermanos fueron perdonados, pero el padre decidió que él sería el único sucesor. El rey murió y los tiempos en que reinó su hijo aún hoy son recordados como los más felices que se hayan vivido.

jeje
El Flautista de Hamelín
[Cuento folclórico. Texto completo]
Anónimo


En un pueblito de nombre Hamelín se habían instalado, siendo dueños y señores, todos los ratones habidos y por haber, arrasando con la comida de todos sus habitantes.

Esto se debía a que Hamelín estaba dirigido por una Reina muy tacaña, que no quería hacer ningún gasto para poner remedio a la invasión de ratones.

-¡Esto es terrible, se llevan mi propia comida!

La Reina, cuando vio que los ratones habían llegado a su palacio, mandó llamar a un jovencito que tenía fama de hacer desaparecer los roedores con ayuda de su flauta.

-¡Yo, Reina de Hamelín, te prometo una bolsa de oro si consigues librarme de esos come quesos!

-¡Así lo haré! -contestó el muchachito, haciendo sonar su flauta.

Los ratones, hechizados por el mágico sonido, lo siguieron hasta el río cercano, donde todos subieron a una balsa y se perdieron en la distancia.

El flautista, después de haber dejado a Hamelín sin ningún ratón, fue con la Reina para recibir su recompensa. Pero la Reina, que era muy codiciosa, no quiso cumplir con su promesa.

-¡No creo deberte nada, fuera de mi reino!

-¡Eres muy injusta y por eso me vengaré! -dijo el caballero muy enojado.

Entonces hizo sonar la flauta y todos los niños del pueblo lo siguieron, escuchando su sonido.

Se los llevó a una montaña y los encerró en una gran cueva, desconocida por todo el mundo. Así se vengó de aquella reina tan mentirosa y mala.

Pasaron varios meses y Hamelín se transformó en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores tenían el color pálido de tanta tristeza.

Todos los padres de los niños marcharon juntos al castillo para reclamarle a la Reina, pidiéndole que pagara al flautista la deuda, porque no querían quedarse sin sus amados hijos.

La Reina no tuvo más remedio que pagar al flautista, y entonces todos los niños regresaron a sus hogares, trayendo con ellos nuevamente la felicidad al reino.

Desde ese momento, aquella Reina cumplió siempre sus promesas.
La Sirenuca

Se trata de una guapísima moza que, desobedeciendo a su madre, tenía por costumbre mariscar en los acantilados más peligrosos para cantar al compás de las olas.

Tan desesperada tenía a su madre que la buena mujer la maldijo en un momento de arrebato: "¡Así permita el Dios del Cielo que te vuelvas pez!". Y la linda castreña se vio convertida en una mujer con larga y brillante cola de pescado. Se dice que, aún hoy en día, deja oír su canción a los navegantes perdidos entre la bruma, que de esta manera saben que se acercan a los acantilados.

El Hombre Pez de Liérganes

Basada en la vida de Francisco de la Vega Casar, excepcional nadadador, conocido como "el sireno", la leyenda dice que siendo niño se pasabe el día en el agua, por lo que su madre le maldijo: "¡Permita la Virgen que te conviertas en pez!". Una noche de San Juan, yéndose a bañar, desaparece en la corriente y se convierte en mitad hombre y mitad pez. Mucho después, unos pescadores que faenaban en aguas de Cádiz lo atraparon con las redes y, oyéndole repetir el nombre de Liérganes, es devuelto a su pueblo natal. Allí, pasados diez años, se pierde para siempre aguas abajo del Miera, en busca de la mar.
gracias a ustedes terminé mi antología de teatro =DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

jeje

gracias a ustedes terminé mi antología de teatro =DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD


Enserio te ponen a hacer eso?